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Este altar tenía la característica de estar formado por hileras de cráneos de las personas sacrificadas en honor a los antiguos dioses. Para Mictlatecuhtli, dios del inframundo, era una ofrenda maravillosa.

Con la llegada de los españoles, los mexicanos siguieron colocando su altar, pero sin cráneos de verdad, pues adquirieron la técnica del alfeñique que utiliza azúcar, agua caliente y limón para crear una masa moldeadora que permite realizar diferentes figuras, entre ellas las calaveritas de dulce.

Actualmente se han agregado otros ingredientes, por ejemplo amaranto o chocolate, y cada estado de la República Mexicana tiene su propia receta, por ejemplo, en Puebla complementan el dulce con cacahuates o pepitas, y en Oaxaca, le añaden miel en el centro, mientras que en el Estado de México las hacen de pasta de almendras.

Este Día de muertos, no olvidemos que lo único que tenemos seguro es la muerte, así que festejémosla demostrando al mundo que la belleza de lo desconocido es parte de nuestra esencia como mexicanos.

Y por supuesto que México produce lo necesario para conservar esta dulce tradición, y tenemos que el primer estimado de producción de caña de azúcar, de la zafra 2017/18, señala más de 51 millones de toneladas, de las que se espera una producción de 6 millones de toneladas de azúcar[1].

Asimismo, contamos con una producción de casi 27 mil toneladas de cacao, más de seis mil toneladas de amaranto, casi 96 mil toneladas de cacahuate y poco más de 56 mil toneladas de miel.

Para dar inicio a las bellas tradiciones, les compartimos una calaverita muy al estilo SAGARPA.

A la SAGARPA la calaca se llevó

porque el mercado mundial conquistó

con productos que del campo cosechó

y que a muchos no les gustó.

(Paty Nicolás)

gob.mx/sagarpa

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